Cloaques i agents infiltrats de diversos serveis de l’Estat
i la Generalitat
[Indymedia Barcelona 19/02/2015]
Infiltrados,
anacletos y fondos reservados. Alcantarillado estatal, talonarios y
tecnorepresión. Repasamos el abanico de infiltraciones descubiertas en los
movimientos sociales catalanes a propósito del vigésimo aniversario de la
“Operación Garzón”, en la que se autorizó judicialmente la infiltración de un
confidente en la organización armada Terra Lliure y en la que se emprendieron
acciones contra el independentismo catalán. Agentes policiales que se hacían
pasar por activistas militantes con fines represivos, dinámicas de control
social y métodos abiertamente ilegales de una guerra sucia muy singular y aún
no escrita, pero que sigue activa en busca de información.
Artículo
publicado en agosto de 2012
DAVID FERNÀNDEZ |
03/08/2012.
Junio de 1992 no
fue un mes normal. A pesar de que la historia oficial ha recordado el arranque
de los históricos Juegos Olímpicos de Barcelona de ahora hace veinte años, ha
vuelto a negar a qué precio se hicieron y qué factura se pagó. Recurso
recurrente, la amnesia y los deliberados olvidos para tapar que aquellos juegos
olímpicos, además de procesos especulativos, pelotazos económicos, un modelo de
crecimiento hoy en quiebra y un alud de españolismo, arrancaron en medio del
runrún de los golpes arbitrarios, las bolsas asfixiantes i el dolor sordo de
los electrodos aplicados por agentes de las unidades antiterroristas de la
Guardia Civil.
A golpe de
tortura, entre el 29 de junio i el 14 de julio de 1992, cuando faltaban diez
días para la inauguración, veintiocho personas de diferentes sensibilidades
políticas fueron detenidas, veintitrés denunciaron torturas y diecinueve fueron
encarceladas. Entremedio, la Guardia Civil irrumpió, pistola en mano, en las sedes
del periódico El Punt y del semanario El Temps; por su parte, CiU clausuró el
programa L’Orquestra que hacía Jordi Vendrell en Catalunya Ràdio por hacerse
eco de las denuncias de torturas. Hasta setiembre, un total de sesenta personas
fueron encausadas aunque treintaicinco de ellas nunca fueron juzgadas.
La singular pax
olímpica
El operativo
represivo para golpear al independentismo combativo –decidido previamente en
una reunión celebrada en Baden-Baden (Alemania) en la que habrían participado
Narcís Serra (ministro de Defensa), José Luís Corcuera (ministro de Interior),
Felipe González, Jordi Pujol y Pasqual Maragall, se empezó a forjar a
principios de 1990, cuando Mikel Lejarza el Lobo, el histórico infiltrado en
ETA de la Dictadura, estaba sentado plácidamente en el despacho de la Audiencia
Nacional para proponer al juez la introducción de un infiltrado policial en
Terra Lliure. Garzón aceptó, y garantizó plena inmunidad policial y judicial, tal
y como acabó sucediendo, y el Lobo salió por la misma puerta por la que había
entrado. El infiltrado ya estaba escogido: se trataba de Josep Maria Aloi,
alias Txema, un manresano residente en Barcelona que volvió a su ciudad natal,
uno de los núcleos más activos del independentismo combativo. Aloi pasó algunos
filtros y contactó con miembros de la organización armada.
En el documental
’Doble juego’ (emitido por TV3 en 2007), el comandante Fernando San Agustín
recordaba que la función del infiltrado es “conseguir información cierta,
segura y oportuna en el tiempo, discreta en la fuente y continuada”. El hoy
ex-comandante era propietario del complejo Can Padró Security & Safety
Training en Castellbell i el Vilar (Bages), el centro de entrenamiento donde,
casualmente, fue captado Txema. San Agustín es –también casualmente– ex-miembro
jubilado de los servicios secretos españoles y, en el mismo programa afirma que
era necesario evitar “que alguien aprovechara la oportunidad para colgar la
senyera”. Fuera como fuese, el mismo día que se inició la Operación Garzón,
Txema, que había participado en la colocación de un artefacto explosivo en la
estación de RENFE de Sant Sadurní d’Anoia el 3 de marzo de 1992, había quedado
con David Martínez, el primer detenido de la operación. Al día siguiente
desapareció, se esfumó.
Esto nos lleva a
repasar brevemente, hoy y veinte años después, el recurso a la infiltración
como estrategia represiva y los casos conocidos que se han dado en el seno de
los movimientos sociales catalanes durante los últimos años, el último de los
cuales nos remite al año 2007 por unos hechos de 2001. Dos años antes, porqué la
cloaca también es catalana, no sólo estatal, la consellera de Interior
Montserrat Tura anunció el aumento de la partida económica para pagar
confidentes: una partida fiscalizada semestralmente en el Parlament de
Catalunya por una comisión reducida que conoce la motivación y la cuantía. En
2005, uno de los motivos fueron las protestas sociales alternativas contra la
cumbre euro-mediterránea que acogió Barcelona.
Cada uno en su
sitio
Veinte años,
pues, desde la infiltración policial en Terra Lliure. Y, desde entonces, un
mínimo de ocho confidentes descubiertos. Juez severo, el tiempo pone a cada uno
en su sitio, sobre todo a los responsables políticos que comandan la represión.
En 2004, el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo condenó al Estado
Español por no investigar las torturas sufridas por quince de los
independentistas detenidos en 1992. Hoy, prácticamente todas las personas
detenidas, encarceladas y torturadas ese año siguen su vida política, activa y
solidaria. Pero, ¿qué hay de los máximos responsables de la represión, los
habituales demócratas de toda la vida? El director general de la Guardia Civil
Luís Roldán, que fue quien más negó las torturas, fue condenado por ladrón,
después de una rocambolesca huida asiática; Narcís Serra dimitió por las escuchas
ilegales del CESID al monarca español, del rey para abajo, todo controlado;
Rafael Vera, secretario de Estado para la Seguridad, fue condenado por los GAL
aunque indultado a posteriori, y Corcuera fue juzgado por el caso de los fondos
reservados. Ellos comandaban aquel operativo represivo. ¿Y Garzón? El juez está
inhabilitado y ha sido nombrado miembro del Consejo Europeo para la Prevención
de la Tortura. Ego hiperbólico en su soledad, Baltasar Garzón acaba de fundar
la Fundación Baltasar Garzón, en la que constan como miembros el ex-ministro de
Asuntos Exteriores de Israel Shlomo Ben Ami o Eduardo Martín de Pozuelo,
coordinador del Área Informativa de Terrorismo del periódico La Vanguardia, el
mismo periódico que hace veinte años no vio bolsas ni golpes ni electrodos por
ningún lado. Aun así, siempre nos quedará Kundera: “La lucha contra el poder es
la lucha de la memoria contra el olvido”. Veinte años después y más que nunca.
HURGANDO EN LA
HISTORIA: LOS ANTECEDENTES
-. GAMBÍN, MARTÍN
VILLA Y EL CASO SCALA
Joaquín Gambín
Hernández fue un confidente infiltrado conocido como el Grillo, el Legionario o
el Viejo Anarquista. Bajo las órdenes del comisario Manuel Gómez Sandoval,
viajó a Barcelona desde Murcia, donde actuaba bajo las órdenes del comisario
J.M. Escudero. Fue el impulsor del atentado a la sala Scala de Barcelona (enero
de 1978), episodio de terrorismo de Estado para aislar y desprestigiar a la
CNT. Fue detenido en 1981 después de un tiroteo en Valencia. En 1983 fue
condenado a siete años de cárcel de los que cumplió dos. En 2002, con 71 años
vivía plácidamente en Murcia.
-. MIKEL LEJARZA,
EL LOBO: A LA SOMBRA DE CARRERO BLANCO
Mikel Lejarza fue
un histórico infiltrado en ETA durante la dictadura franquista a las órdenes
del SECED (creado por Carrero Blanco, y predecesor del CESID). Apareció en
Barcelona a principios de los noventa y creó la empresa de seguridad Orion que
funcionó como tapadera y desde donde comandó la infiltración del manresano
Josep Maria Aloi en Terra Lliure. En 1995 trabajó para el Conde de Godó,
propietario de La Vanguardia, que le pagaba 5,5 millones de pesetas al mes por
el caso de las escuchas ilegales ordenadas por el aristócrata para controlar
fusiones mediáticas. Junto con el coronel del CESID Fernando Rodríguez fue condenado
a siete meses de cárcel.
-. TXEMA ALOI: EL
INFILTRADO EN TERRA LLIURE
Txema Aloi es
hijo de familia catalanista, trabajador de banca y piloto experto de
helicópteros. Años después de infiltrarse en Terra Lliure y desaparecer al
inicio de la Operación Garzón, se encuentra cara a cara con uno de los
torturados, a quien niega como puede su traición. En 2002 se lo localiza en
Brasil donde trabaja para la seguridad de la empresa catalana de juego CIRSA,
muy extendida en Latinoamérica. Desde 2007 alterna Brasil con Manresa.
-. ALBERT
MARTÍNEZ: EL AGENTE INSUMISO
Albert Martínez
fue número uno de su promoción en el Cuerpo Nacional de Policía. Como topo del
CESID se infiltró en el movimiento antimilitarista catalán que promovía la
insumisión (MOC). Apareció en Barcelona cuando dos catalanes desertaron de su
mili al ser destinados al Golfo Pérsico durante el conflicto armado de 1991.
Martínez frecuentaba el Casal de la Pau de la calle Cervantes, centro
neurálgico del movimiento insumiso, y participó de las actividades del Mili KK.
En 1994 se vinculó a la Liga Comunista Revolucionaria donde fue descubierto por
antiguos compañeros de colegio, que revelan su profesión. Albert Martínez
desapareció de Barcelona pero en seguida reapareció en Valencia para
infiltrarse en los GRAPO.
-. ÁNGEL GRANDES
HERREROS: DE LOS OKUPAS DE BARCELONA A LA BRIGADA ANTITERRORISTA DE GUIPÚZCOA
Agente de la
Policía Nacional, Ángel Grandes Herreros inició su militancia en torno al
movimiento okupa en 1993. Colaboró con la radio libre Línia IV, de Nou Barris.
En 1994 se integró en el Kau Subversiu, de la Universidad de Barcelona. Desde
el mundo universitario accedió a la Brigada Universitaria a Chiapas y al
Colectivo de Solidaridad con la Rebelión Zapatista. Viajó dos veces a Chiapas
como observador internacional para la protección de los derechos humanos de las
comunidades indígenas. Participó en la campaña contra el Euroejército y se
integró en el movimiento por la insumisión a través del CAMPI. Infiltrado en el
Ateneu Llibertari de Gràcia compartió espacio con la Assemblea d’Okupes y trató
de acercarse al independentismo a través del Ateneu Popular Okupat Resistència
Roja. En una reunión convocada ad hoc se lo destapa. Él lo niega todo pero
desaparece al día siguiente. A finales de los 90 se lo localiza en la Brigada
Antiterrorista de Guipúzcoa. Estuvo imputado por el asesinato de su pareja en
Madrid: llegó al juzgado, dijo quién era, dónde trabajaba y que sabía muchas
cosas. No se ha vuelto a saber de él.
-. FERNANDO PÉREZ
LÓPEZ: DE CNA ALS GRAPO
Pérez López se
infiltró en los movimientos sociales madrileños en 1997 y participó en actos de
la CNT y Cruz Negra Anarquista. Su DNI fue expedido en Barcelona y dice que
nació en Martorell. Él afirmó, en la capital española, que venía del intenso
movimiento okupa barcelonino. En el Rastro de Madrid se acercó al círculo de la
AFAPP, organización de familiares de presos del PCE(r), donde acabó militando.
Incluso llegó a llevar a miembros de la asociación a casa de su supuesta madre,
en la calle Guipúzcoa de Barcelona. Los atendió una mujer de unos sesenta años
que hacía de madre. Fernando desapareció en Julio de 2002 y ese mismo mes, el
piso quedó vacío súbitamente. La operación finalizó con la detención de catorce
personas acusadas de terrorismo. Cuando las abogadas preguntaron al juez
Guillermo Ruiz de Polanco por su paradero, éste respondió que no constaba
ningún detenido con ese nombre. Mientras tanto, la Guardia Civil emitía un
comunicado en el que lo tilda de peligroso terrorista. Fernando es agente de la
Guardia Civil.
-. MANUEL BLANCO
ÁLVAREZ ’PEDRO’: ALTERMUNDISMO POLICIAL
Se hace llamar
Pedro. Su correo es pedritoanarka@hotmail.com. Desde 1992, como infiltrado, se
vincula a la solidaridad con América Latina. En 1992 se integra a la Red de
Apoyo Zapatista de Madrid. Participó en los Encuentros contra el Neoliberalismo
en Madrid y Zaragoza, en el Foro Indígena de Valladolid y en asambleas del
movimiento antiglobalización. En 2002, bajo la presidencia española de la UE
intensificó su militancia ante el auge de las protestas sociales de Madrid,
Barcelona y Sevilla por la celebración de contra-cumbres. La asamblea de
Nodo50, Vigilando al vigilante detectó que las IP que usaba Pedro correspondían
a ordenadores del ministerio del Interior: Pedro es miembro del Cuerpo Nacional
de Policía. Meses después se lo vio entrar en la sede de la Brigada Central de
Información en el madrileño barrio de Moratalaz.
-. NEL: DESDE
ASTURIAS A BARCELONA A REVENTAR CRISTALES
Nel se infiltró
en organizaciones de la izquierda autónoma de Asturias. Viajó a Barcelona en
plena era Valdecasas, en un autobús del sindicalismo combativo asturiano.
Estuvo rompiendo cristales e incitando a las manifestantes a hacer lo propio
durante la mani contra el Banco Mundial de 2001. Los hechos se descubrieron en
2007 en el transcurso del juicio contra los sindicalistas Cándido y Morala, de
la Corriente Sindical de Izquierdas (CSI), por las movilizaciones contra el
cierre de Naval Xixón. El policía volvió a aparecer para testificar contra
Cándido y Morala, inspiradores de Los lunes al sol y que acabaron encarcelados.
El CSI denunció una trama policial con infiltrados por medio.
-. DAVID GARCÍA
MARTÍN: UN PAYASO EN BÉTERA
David García Martín se infiltró en el movimiento
antimilitarista en la era ZP en Bétera. Durante una acción sorpresa no-violenta
se pretendía entrar en la base militar de la OTAN para hacer un llamamiento a
la desobediencia ante la guerra. Decenas de efectivos policiales estaban
esperando a los activistas. Uno de ellos llevaba una peluca rosa, iba
disfrazado de payaso y era miembro activo del Espacio Horizontal contra la
Guerra de Madrid. Antes había pasado por la Solidaridad Zapatista, por
Marinaleda, por la Semana de Lucha Social de Madrid en 2000 y por el Foro
Social Transatlántico. El caso se esclareció en 2005, cuando la Universidad
Autónoma de Madrid nombró a Santiago Carrillo Doctor Honoris Causa. En las
protestas que llevaron a cabo grupos de extrema derecha, un agente de paisano
detuvo ante las cámaras de la CNN a un fascista que lanzó una papelera. El
policía era David García Martín, del CNP, el mismo payaso que dos años antes
había intentado ocupar la base militar de Bétera.
-. LUÍS GARCÍA
TORRES: EN EL 15-M DE SEVILLA
El último caso
conocido de infiltración remite al mes de junio pasado. El policía García
Torres, de 26 años, se acercó al movimiento del 15-M sevillano, donde empezó a
colaborar de manera entusiasta. Pero un antiguo trabajo de camarero que dejó
para opositar a policía lo delató. Los compañeros del movimiento, ante el
cúmulo de lagunas de su vida personal, se invitaron a ir a su casa, en un lugar
desconocido. De camino, García entró en el lavabo de un bar. Tardó demasiado y
cuando salió, casualmente los esperaba un control policial una calle más allá:
los agentes dijeron que estaba en busca y captura y se lo llevaron a comisaría.
No se ha sabido nada de él desde entonces.

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