Reflexió de l’assemblea popular 15-M del
barri madrileny del Pilar
[02/03/2015]
L’assemblea popular 15-M del barri del Pilar, de
Madrid, ens envia a la nostra àgora lliure aquest escrit per fer difusió:
El 15M surgió en Madrid como movimiento popular en
mayo del 2011. Apareció fulgurantemente en una movilización de decenas de miles
de personas, con extensiones y solidaridades en muchos puntos de España y del
mundo. Surgió como protesta contra las consecuencias de la “crisis” inducida
por los poderes financieros, que se tradujo para las clases populares en paro y
grandes “recortes”, tanto en salarios y en condiciones y derechos laborales,
como en los derechos sociales a una educación y una sanidad universales,
públicas y eficientes, conquistados con una larga e intensa lucha por las
clases trabajadoras durante las últimas décadas. Los poderes económicos
quisieron ampliar la apropiación de la plusvalía del trabajo a base de salarios
precarios, de peores condiciones de trabajo, de recortes en educación, sanidad,
servicios sociales,…bien directamente con su explotación o indirectamente
mediante la privatización. Como justificación de estos incrementos del expolio
del trabajo funcionó la idea de que el Estado tenía que pagar una deuda
contraída con los poderes financieros, siendo así que éstos fueron los que se
beneficiaron de los “rescates” públicos, a pagar por todos los ciudadanos. (No
debemos, no pagamos…).
Por otra parte, las medidas políticas para articular
el expolio las arbitran gobiernos que se perciben más como lacayos o virreyes
de los poderes financieros que como representantes de los intereses del pueblo:
No nos representan; lo llaman democracia y no lo es. Todo ello adornado con
frecuentes y flagrantes casos de corrupción: No hay pan para tanto chorizo.
En el 15M confluyen todos los “indignados” por esa
situación en la asamblea de “Sol” y sus gemelas en otras ciudades. En Madrid,
cuando la asamblea permanente de Sol se hace insostenible, el 15M se traslada a
las “plazas” de barrios y pueblos, con decenas de miles de participantes. El
movimiento se mantuvo en auge unos meses. Pero pronto el número de personas que
participaban en las asambleas decreció, como ha ocurrido siempre históricamente
en casos de movimientos populares de amplia base desarrollados al margen de
organizaciones consolidadas. Sin embargo, en el 15M se mantuvieron las
asambleas con la gente más comprometida y activa del movimiento en torno a unos
objetivos de transformación social y una identidad organizativa clara: la
asamblea horizontal. Con ello, el movimiento siguió teniendo una gran fuerza en
los dos años siguientes. Generó acciones masivas y otras más locales contra el
paro, por la transparencia municipal, por los derechos sociales,… Participó en
la gestación y desarrollo de importantes iniciativas como el Tribunal Ciudadano
de Justicia, 15Mparato, Stop Desahucios, No somos Delito, bancos de
alimentos,…Contribuyó grandemente en la puesta en marcha y desarrollo de las
mareas azul (agua), verde (enseñanza), blanca (sanidad),…Marchas por la
Dignidad del 22M. Organizó encuentros abiertos como las Ágoras y el Mayo
Global. Durante los primeros años, según diversas encuestas, mantuvo una “simpatía”
ciudadana cercana al 70% de la población, lo que suponía un enorme caudal
social y político. De hecho, diversas formaciones políticas, que antes habían
menospreciado el valor del 15M, empezaron a acercarse a él.
Éste es el momento clave en la evolución del 15M. Éste
tenía ante sí dos opciones:
1.- Seguir como movimiento social sobre la base de las
asambleas de barrios y pueblos.
2.- Articularse potentemente como opción política
integral y asamblearia horizontal que planteara la lucha contra las instituciones
muertas y la creación de otras nuevas.
El debate en el seno del 15M fue muy intenso y duro,
bien es cierto que no en los términos políticos explícitos señalados supra,
sino trufado, al menos en Madrid, en torno al carácter que debía tener la coordinación
de las asambleas de barrios y pueblos. Desde que la asamblea de Sol decide
trasladarse a los barrios y pueblos, se crea una coordinadora entre éstos, la
APM (Asamblea Popular-de barrios y pueblos- de Madrid).
Desde su misma puesta
en marcha se discute sobre el carácter de la APM, polarizándose el debate en
dos posturas:
1.- Las asambleas que optan por una coordinación solo
informativa y de apoyo mutuo en acciones.
2.- Las que optan por una coordinación, además de
informativa y de apoyos mutuos, con capacidad para tener iniciativas propias o
de acción social y política sobre la base asamblearia horizontal propia del
movimiento.
Estas dos opciones coinciden grosso modo con las dos
posibles vías de evolución señaladas más arriba. El debate dura dos años y,
aunque al final se consensuó la segunda opción, el 15M había sufrido un enorme
desgaste, que unido al descenso de la participación militante, dejó en el
camino a muchas asambleas: de las 120 iniciales el número de asambleas activas
baja a 80, a su vez con un menor número de miembros activos. De ellas, un
tercio, aproximadamente 20-25, participaban asiduamente en la APM; otro tercio
se sentía de la APM, pero no participaba activamente; y el tercio restante se
desentendió totalmente de la coordinadora. Un año después las asambleas activas
bajan a cincuenta, aunque los porcentajes se mantienen. Aún así, en el 3º
Aniversario del 15M, la APM publica un documento, fruto del debate colectivo en
las asambleas, que es sin duda el documento común más importante del 15M:
Balance y Perspectivas del 15M, que debía completarse con un segundo documento,
Objetivos Políticos a corto plazo del 15M, que aún no se ha terminado de
elaborar. En estos momentos, tras la aparición de Podemos, la situación del 15M
y de la APM es aún más precaria.
El 15M ha perdido la oportunidad de constituirse en
una gran organización que planteara la lucha política más allá de las
reivindicaciones de barrio o la participación en movilizaciones, en las que
cada vez se siente más minoritario. El 15M tuvo el 70% de simpatía ciudadana,
tuvo una amplia base militante en sus asambleas, y unas ideas y formas
organizativas que suponían realmente unos elementos transformadores de la
sociedad. Pero el 15M no entendió lo que debía hacer; se quedó, mayoritariamente,
en sus asambleas con objetivos y luchas locales o de apoyo a movilizaciones más
amplias que surgían de otros enfoques. Recuerda, salvando las distancias, al
momento en que la CNT, en el 36, tenía en Cataluña el poder en sus manos y
cedió su gestión a los nacionalistas de ERC en vez de darle la vuelta a las
instituciones. También recuerda el momento de la “transición” en que, tras las
grandes luchas posteriores a la muerte de Franco, muchas de ellas de carácter
asambleario, las asambleas, carentes de una articulación propia, ceden su poder
a los sindicatos y la política al PSOE, que recogen todo el caudal social
transformador de la transición.
En paralelo con lo anterior, en un bucle que parece
infinito, Podemos irrumpe políticamente y ocupa el espacio que el 15M no quiso
o no supo ocupar. Por eso titulamos esta reflexión: Podemos como fracaso
“político” del 15M.
Calificamos de “político” el fracaso del 15M. Fracasa
en no saber dar el salto a organización política integral. Pero no fracasa en
otras muchas cosas: despierta la conciencia de una ciudadanía dormida, señala
los elementos claves políticos y sociales de la crisis, reactiva a muchos
viejos militantes e incorpora a otros muchos nuevos a las luchas sociales y
políticas, pone en pié las formas asamblearias horizontales de organizarse y
luchar,…En realidad el 15M es uno de los movimientos sociales más importantes y
emblemáticos de la historia de nuestro país, y mucha gente se siente
identificada con sus planteamientos y orgullosa de pertenecer o haber pertenecido
a sus asambleas y haber participado en sus iniciativas. La ciudadanía se sintió
mayoritariamente atraída por sus principios y sus luchas. No ha fracasado el
15M, no. Pero como todo proyecto social, si no crece, decrece: la estabilidad
social no existe. El 15M no dio el salto político para crecer, se estancó y se
diluye.
Su lugar “político” lo está ocupando Podemos, que ha
recogido la simpatía popular y la esperanza ciudadana de transformación que
perteneció al 15M. Por eso Podemos es la metáfora del
fracaso político del 15M. Pero Podemos no sólo ocupa el lugar político que el
15M no supo ocupar, sino que ha recogido parte de su espíritu y de sus
militantes. Los propios dirigentes de Podemos hacen constantes guiños a su
origen quince-mayista y lo que han heredado de él. Buena parte de sus círculos
son asambleas del 15M o los integran en buena parte antiguos miembros de éstas,
que intentan trasladar a Podemos el sentido asambleario de base y participativo
del 15M, con desigual fortuna, por cierto. Incluso muchos de estos militantes
de Podemos procedentes del 15M mantienen también su pertenencia a sus
asambleas, aunque el tiempo y el esfuerzo que implica la doble militancia está
inclinando su pertenencia activa hacia Podemos.
No nos queda más que saludar a Podemos como instancia
de acción popular y desearle que avance en la dignificación de los ciudadanos.
Colaboraremos desde el 15M en sus iniciativas que sean compatibles con nuestros
planteamientos, pues no somos sectarios ni “odiamos” a Podemos. Al contrario,
creemos que una fuerza política popular como ellos puede hacer grandes cosas en
nuestro país. No obstante, sí queremos recalcar que la herencia quincemayista
de Podemos no pasa más allá de esas declaraciones a que aludíamos antes, de la
canalización del magma social que puso en pié el 15M y de esas pertenencias de
buena voluntad de gentes procedentes de asambleas del 15M. Porque Podemos no
es, por una parte, una organización revolucionaria que quiera transforman de
raíz el sistema capitalista, como sí lo es el 15M ni, por otra parte, es una
organización asamblearia horizontal, como sí lo es el 15M.
¿Y cuál es el futuro del 15M?. La historia es
irreductible. Movimientos sociales como el 15M han surgido muchas veces en
muchos lugares en la historia. Han ofrecido el empuje y el esfuerzo de miles de
militantes que han favorecido avances notorios en los derechos ciudadanos. Pero
siempre han “desaparecido” en el reflujo posas-ambleario, capitalizados sus
esfuerzos por organizaciones sólidas. Aunque no desaparecen del todo.
Históricamente han quedado reductos de gentes utópicas de práctica
revolucionaria y gestos asamblearios que han mantenido el hilo de la historia
transformadora, para reaparecer enervando posteriores movimientos sociales como
el 15M. Nos queda pues consolidar nuestra aldea gala irreductible contra los
romanos y trabajar por nuevas mareas revolucionarias en la historia, que
vendrán, como siempre ha sucedido. No obstante hay que aprender de una vez para
otra. La debilidad de los movimientos asamblearios revolucionarios consiste en
que no alcanzan un nivel organizativo potente. Hay que ir preparando soluciones
en ese sentido, construyendo una organización política integral y asamblearia
horizontal que sea capaz de promover luchas populares, o proyectarse en ellas
para construir movilizaciones ciudadanas con objetivos revolucionarios,
organización integral y dinámicas transformadoras.
La organización integral que hemos de ir construyendo,
como se ha apuntado tantas veces en la historia, tendría las siguientes
características:
1.- Globalidad: superación de la escisión tradicional
de las organizaciones obreras en partidos/sindicatos/organizaciones culturales,
planteando todos los “frentes” desde la misma organización.
2.-Totalidad: superación del “gradualismo” estratégico
clásico, que deja para los sindicatos y las organizaciones sociales las luchas
reivindicativas inmediatas, que necesitan menor “grado” de conciencia y para el
partido -la vanguardia consciente- la dirección política estratégica.
3.- Horizontalidad: superación de la escisión entre
dirigentes y dirigidos, propiciando la igualdad real en una autoorganización o
autogestión asamblearia, con participación real de todos sus miembros en todos
los campos, desde la decisión estratégica o táctica hasta la elaboración de
análisis y proyectos.
4.- Comunidad: adelanta en sus formas de convivir, de
relacionarse, de actuar los objetivos finales de la transformación, vive “ya”
la utopía, el desarrollo global de las personas como eje de todo el trabajo
transformador.
5.-.Una organización formativa, que educa a sus
miembros, como personas políticas, en todo lo anterior y se proyecta
socialmente no sólo “actuando” sino también “educando”. En definitiva la
organización integral como “acción ejemplar” que adelanta el futuro que
queremos.

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