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| El comte de Godó i Màrius Carol |
Contradiccions entre Sánchez Piñol i el duet Màrus
Carol i el comte de Godó, Sala i Martín també amb Basté i Rahola, arran de la
censura al diari ‘La Vanguardia’.
L’article “Sí al museu militar!” d’Albert Sánchez
Piñol només va estar uns moments penjat al web del diari dissabte al vespre,
després va desaparèixer misteriosament i tampoc ha estat publicat al diari en
paper.
La xarxa se’n fa ressò i el professor Sala i Martín
recorda al director del diari, Màrius Carol, que “censurar en l’era d’Internet
és no entendre els temps en els que vius”
Sala i Martín en una piulada espera que Jordi Basté i
Pilar Rahola preguntin al director de ‘La Vanguardia’, Màrius Carol, que
expliqui aquest dilluns a RAC1 el motiu
de la desaparició de l’article.
[Directe’Cat 09/02/2015]
L’article “Sí al museu militar!” d’Albert Sánchez
Piñol només va estar uns moments penjat al web del diari dissabte al vespre,
després va desaparèixer misteriosament i tampoc ha estat publicat al diari en
paper. La xarxa s’ha fet ressò del fet i ha penjat l’article en el què amb to
irònic Sánchez Piñol aposta pel museu militar sempre i quan el tinent general
de l’exèrcit que ha proposat la creació del museu, Ricardo Álvarez Espejo,
dediqui una galeria a les “massacres que l'exèrcit ha comès històricament
contra la població civil catalana”, una secció “Bombes sobre Barcelona”, un
apartat sobre “els malalts de psicopatia que s'han enfundat l'uniforme militar
i han recalat a Catalunya”, un sobre es governadors militars i al seva relació
amb Catalunya, o un sobre “La premsa militar
i Catalunya”.
Sala i Martín en una piulada espera que Jordi Basté i
Pilar Rahola preguntin al director de ‘La Vanguardia’, Màrius Carol, que
expliqui aquest dilluns a RAC1 el motiu
de la desaparició de l’article.
El tuitaire @RafaelCubi, el va poder capturar i l’ha
publicat en la versió en castellà. Esperem què ha de dir Màrius Carol:
Sí al museu militar!
El señor Ricardo Álvarez-Espejo, teniente general del
ejército, ha propuesto recientemente que se cree un Museo Militar en Barcelona,
objetivo que considera “ambicioso e irrenunciable”. Nuestra opinión es que ya
era hora que el ejército hiciera una propuesta que pudiera ser muy acogida por
la sociedad catalana. Estamos seguros de que el señor Álvarez-Espejo se dejará
asesorar, en una amable colaboración entre las fuerzas armadas y mundo civil.
Para empezar sería muy interesante que el Museo
Militar dedicara una galería a las masacres que el ejército ha cometido
históricamente contra la población civil catalana. Por ejemplo, escogiendo una
entre tantas, los hechos de Cambrils de 1640, cuando después de un breve asedio
la plaza se rinde a las tropas castellanas. Incumpliendo todos los pactos, el
ejército masacró a más de setecientos cambrilenses.
Muy apropiada y visual sería una sección que se
titulara: “Bombas sobre Barcelona”, donde se detallaran todos los bombardeos
que el ejército español, y sus aliados, han perpetrado históricamente contra la
capital catalana. Difícilmente encontraríamos otro caso de una urbe bombardeada
tantas veces, y tan salvajemente, por el mismo ejército que supuestamente tenía
que defenderla. Digo que sería una sección muy visual porque se podrían incluir
croquis y gráficos de la devastación urbana y humana, así como modelos de los
proyectiles empleados, que incluirían desde la arcaica balística del siglo XVII
hasta las modernas bombas de fragmentación de la guerra civil española.
Otro apartado lo merecerían los enfermos de psicopatía
que se han enfundado el uniforme militar y han recalado en Catalunya. Como por
ejemplo Charles de Espagnac (1775-1839), un francés expulsado de su país, por
reaccionario, pero que hizo carrera en el ejército español. Su demencia lo
llevó a prohibir las barretinas, el pelo largo en los hombres y las trenzas en
las mujeres. Le gustaba bailar bajo la horca, entre los pies de los cadáveres
que había mandado colgar, borracho por una combinación de ron y aguardiente.
Fernando VII siempre lo defendió: “Está loco, pero para estas cosas no hay
otro”.
Una temática indispensable para cualquier Museo
Militar que se precie sería la de los gobernadores militares y su relación con
Catalunya. Recordemos la famosa frase del general Espartero. “Hay que
bombardear Barcelona cada 50 años para mantenerla a raya”. Menos célebre es el
capitán general Juan Zapatero y Navas, conocido por sus propias tropas como el
general Cuatro Tiros. Y con razón. Su frase preferida era: “Yo sé cómo se
arregla; a ese, ‘cuatro tiros’; a ese otro, igual. Cuatro tiros y se acabó el
problema”. Los civiles catalanes, en cambio, preferían denominarlo el Vampiro
por su afición a los fusilamientos indiscriminados. En cierta ocasión ajustició
a un pobre chico jorobado, escogido al azar. ¿El motivo? Que según algunos delatores
en la última revuelta obrera había participado un chico jorobado.
El general Severiano Martínez Anido no desmerecía a
sus predecesores: en 1920, como gobernador militar de Barcelona, se enfrentó
con el gobernador civil Carlos Bas, a quien acusaba de “blando”. Anido le
exigió que le dejara fusilar a “gente como Eugeni d’Ors, Lluís Companys,
Joaquín Montaner, Francisco Layret, Salvador Seguí, Ángel Pestaña, Mario
Aguilar, Guerra del Río, los hermanos Ulled, y otros”. En sus memorias Bas
narra el diálogo. Bas: “Señor gobernador militar, soy el gobernador civil, no
un asesino”. Anido: “No es cuestión de asesinar sino de ejecutar. No emplee
usted palabras malsonantes”.
Y puesto que nos referimos a “palabras malsonantes”,
también se podría dedicar una sección del museo a la temática “La prensa
militar y Catalunya”. En las hemerotecas hay centenares y centenares de
artículos del siguiente estilo, publicado en La Correspondencia Militar, el 13
de diciembre de 1907: “El problema catalán no se resuelve, por la libertad,
sino con la restricción; no con paliativos y pactos, sino por el hierro y por
el fuego”.
¡Qué gran fortuna que hoy en día el ejército español
ya no practique las “palabras malsonantes”, que sólo sean materia de memoria y
de museo! Esto es loable y es cierto. Tan cierto como que el pasado mes de
noviembre publicamos el artículo “¡Un paso al frente!”, en el que describíamos
el caso de un militar en activo, el teniente Luis Gonzalo Segura, a quien la
fiscalía militar le ha abierto un expediente que podría acabar con la solicitud
de seis años de prisión. ¿El delito? Ser el autor de una obra de ficción,
concretamente una novela, donde se describen unas fuerzas armadas en las que
reina el nepotismo y la corrupción a gran escala. Cuesta de creer, así que lo
repito: en pleno siglo XXI la jurisdicción militar española puede pedir una
pena de seis años de prisión por escribir una novela.
Precisemos, para acabar, que el mismo señor
Álvarez-Espejo, que ahora nos regala la afortunada iniciativa del Museo
Militar, publicó inmediatamente un artículo de réplica en este diario, titulado
“Otro paso al frente”, una réplica extraordinariamente peculiar, por cierto,
puesto que en todo su artículo no mencionaba ni una sola vez el motivo de
réplica: es decir, el teniente Segura y su caso.
Cuando escribo estas líneas, el teniente Segura vuelve
a estar bajo arresto.

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